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Aunque se han oído infinidad de
comentarios de como y cuando de
la introducción del siluro en el Ebro,
y todo parece apuntar a un conocido ictiólogo alemán, la verdad
es que nadie sabe a ciencia cierta la verdad de su introducción
en España, aunque parece claro que la persona o personas que
fuesen, sabían lo que hacían y donde lo introducían y que las
condiciones del Ebro, su hábitat, fauna piscícola, composición
de las aguas, etc... eran idóneas para el desarrollo y
adaptación de la especie.
Lo cierto es que
30 años después de su ilegal introducción la colonización del
siluro es ya un hecho que no tiene marcha atrás y hoy en día el
río Ebro y los embalses de Ribarroja y Mequinenza son conocidos
internacionalmente gracias a este pez y es sin ninguna duda el
destino nº 1 de los pescadores apasionados de esta especie, por
la cantidad, calidad y relación medida-peso que se dan en estos
dos embalses.
Aunque sé que más
de uno no le agrade su presencia en nuestras aguas, lo cierto es
que ahora 30 años después de su introducción y una vez
aclimatado es una especie reconocida, con su reglamentación,
cupo, horario de pesca, etc... que viene a ocupar un hueco muy
importante para los pescadores que les gustan les emociones
fuertes y la pesca extrema.
El río Ebro genera vida por todos lados, la cadena alimenticia
desde su comienzo es muy abundante, basta con observar las
orillas o meter una sacadera a las hierbas inundadas por el
agua, para comprobar la inmensidad de invertebrados que pueblan
sus aguas que sirven de alimento a los numerosísimos alburnos,
que a la vez son el sustento de carpas, luciopercas y siluros.
El alimento que el siluro encuentra en estas aguas es
variadísimo y abundante, de ahí el tamaño que han alcanzado en
nuestras aguas en tan corto espacio de tiempo.
Hay ríos Europeos
como el Po en Italia, o el Saône y el Rhone en Francia en los
que esta especie está presente desde hace muchos años y no
alcanzan ni de lejos la población y los escandalosos tamaños que
se dan en el Ebro.
Si hay algo que he aprendido en estos años que llevo como
pescador deportivo, es que el pez más grande no tiene porque ser
el más viejo, sino el que encuentra alimento más fácilmente y se
alimenta más a menudo y estas circunstancias favorables se dan
en el Ebro.
A parte de la abundante alimentación, la amplitud y variedad de
tipos de vegetación de orilla, de fondo, etc.. hacen que en los
embalses de Mequinenza y Ribarroja tengan cabida una gran
variedad de especies y que todas alcancen tamaños importantes,
creo que nadie duda de los tamaños de los siluros, las
luciopercas, los basses o carpas de estos dos embalses. En ellos
puedes encontrarte zonas rocosas y de aguas limpias, playas con
el fondo de barro y de aguas turbias, cortados, etc... si a un
pescador que no conozca esta zona se le llevara a ver la parte
de la presa del embalse de Mequinenza y más tarde se le llevará
a la inmensa zona entre las poblaciones de Escatrón y Chiprana,
nunca se podría imaginar que se trata del mismo embalse,
distinto color de agua, distinto tipo de fondo, distinta anchura
e incluso distinta vegetación de orilla, y todo dentro del mismo
entorno, por eso es por lo que tienen cabida tantas y tan
diferentes especies.
Siempre que se nombra la palabra Mequinenza se asocia con esta
población, o sea con el embalse de Ribarroja y no cabe duda que
los mayores siluros españoles han salido de esa zona,
concretamente de la récula Cinca-Segre y aunque bastante
masificado de pescadores y con mucha presión de pesca, sigue
siendo un excelente lugar para quien busca un siluro récord, uno
de esos colosos por encima de los 2,30m.
Pero en España la pesca del siluro no sólo es Mequinenza
(población), hay concretamente dos extensísimas zonas donde la
población de siluros es realmente espectacular, lugares que por
su inaccesibilidad, su falta de rampas, de urbanizaciones y
caminos están prácticamente vírgenes en cuanto a la pesca.
Cuando hablamos de la zona entre Chiprana y Escatrón en la
recula del embalse de Mequinenza, estamos hablando de 20 km. de
río-embalse, que rebosan vegetación y naturaleza por todos los
lados, un tramo de aguas turbias y fondo de barro ideal para el
siluro, que cuenta con abundante comida, alburnos, carpas,
lucioperca, etc... donde el siluro campa a sus anchas, pues la
presión de pesca es mínima debido a su falta de accesos.
Para el pescador
de siluros al lanzado podríamos decir que es un auténtico
paraíso, hay épocas determinadas que no es extraño tener 8-10
picadas en un sólo día al lanzado, o ver siluros acechando las
carpas en un palmo de agua, o atacando en superficie a plena luz
del día, etc..
La otra zona de la
que quería hablar es el río Ebro aguas arriba del azud de
Escatrón hasta aproximadamente Sástago, son 10 km de río que
cuentan con varios saltos de agua o azuds, donde la pesca a cebo
no está permitida, pero si con artificial. Si en la zona
anterior los accesos eran mínimos, en esta otra casi se podría
decir que son nulos, sólo un par de puestos contados para echar
al agua pequeñas embarcaciones neumáticas que no necesitan rampa
para tirarlas al agua.
Sus orillas están salvajes de vegetación y el peso medio de los
siluros que se pescan al lanzado se sitúa en torno a los 20 kg,
si bien las picadas suelen ser abundantes, aunque está
demostrado que en esta zona hay "tarugos" realmente importantes,
personalmente el más grande que he sacado en este tramo, se fue
hasta los 2,07 m. y en torno a los 60 kg. En definitiva esos dos
tramos son la otra cara de la pesca del siluro en España, tan
desconocidos para la mayoría, como fascinantes par quién los
conoce y los ha pescado en infinidad de ocasiones.
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