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Aunque sé
que habrá pescadores que no sean de la misma opinión, y que casi
con toda seguridad jamás habrán probado el tener uno de estos
colosos clavado al otro extremo del sedal, en mi opinión es un
auténtico privilegio poder contar en nuestras aguas con un pez
de las dimensiones y la deportividad del siluro.
Por esta
razón, son muchos los pescadores que se acercan cada año a las
aguas del Ebro, para probar las sensaciones que produce el tener
clavado en el otro extremo de la caña un pez de varias decenas
de kilos de peso como el siluro, que difícilmente pueden
encontrar en otro lugar. Unos pocos triunfan en sus primeras
visitas. Pero una inmensa mayoría, después de hacer cientos y
cientos de kilómetros y de muchas decepciones e intentos en vano
y sin ver ni rastro de ellos, ven la captura del gran siluro
como algo lejano, casi rozando lo mítico.
UNA OPINION
EQUIVOCADA
La
opinión generalizada es que solamente pescando a cebo al
atardecer o durantes las primeras horas de la noche, y con una
gran dosis de fortuna, puede tenerse éxito con este pez…, nada
más irreal y equivocado.
Me
atrevería a afirmar que si se pesca de la forma adecuada, el
artificial trabaja correctamente y se pesca en un sitio donde
hay siluros y no detectan nuestra presencia, “sí quieren”, o al
menos “mueven” y se delatan de una u otra forma.
Os
aseguro que si se dan las condiciones adecuadas, y se conocen
bien las costumbres de este pez, así como los lugares donde
localizarlo, pescando al lanzado es sólo cuestión de efectuar
apenas unas decenas de lances para obtener la esperada
respuesta.
CONOCIMIENTO
DEL PEZ Y DE SUS COSTUMBRES
Hay un
gran desconocimiento con respecto a este pez, sus actitudes, sus
costumbres y por lo tanto su pesca. Cuando salimos a por siluros
hay algunos datos de interés que debemos conocer y que nos serán
de ayuda en nuestros comienzos, pudiendo cambiar radicalmente
los resultados de un día de pesca. |