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Quien visita
los embalses de Ribarroja y Mequinenza puede comprobar que
mientras el nivel del primero es mucho más regular y varía muy
poco a lo largo del año, el segundo durante la época de estiaje
desciende un buen número de metros.
Tras los
rigurosos calores estivales, el nivel del embalse ha descendido
notablemente y se parece muy poco a lo que era tan sólo hace
unos meses durante la primavera. Y ahora, aunque las primeras
lluvias otoñales han hecho que el nivel ascienda algo, las
playas resecas, casi carentes de vegetación, y algún cortado de
piedra, son la nota predominante. Las “posturas” a pescar están
mucho menos claras y definidas que meses atrás.
SILUROS QUE
SUBEN... Y BAJAN.
Está claro que
con muchos siluros que durante la primavera remontaron buscando
las proximidades del río, al notar ese descenso, han buscado más
agua en la parte más baja del embalse, pero muchos otros han
encontrado cobijo en lo que ahora es un río que paulatinamente
se va embalsando conforme bajamos. En este río-embalse,
prácticamente en cada curva, nos encontramos abundantes pozas
donde se superan los ocho o diez metros de profundidad. En ellas
conviven como pueden alburnos, carpas, luciopercas y siluros muy
entrados en kilos. Pero con este descenso de las aguas resulta
más complicado pescar siluros al lanzado. Ahora hay que romperse
mucho más la cabeza en la búsqueda de lugares “calientes”, nos
tendremos que desplazar mucho más, habrá zonas en las que
creíamos íbamos a “tocar” siluros y sin embargo no será así,
pero si partimos de la base de “cómo deben de ser los lugares
que queremos pescar”, tendremos mucho más ganado que si pescamos
a la aventura, lanzando al azar con el único propósito de cubrir
agua.
UNA PEQUEÑA
DISTINCIÓN.
Cuando hablamos
del “otoño”, podríamos encuadrar los meses de septiembre,
octubre y noviembre. Obviamente la temperatura exterior, (mucho
menos la del agua, ya que su enfriamiento o calentamiento es
mucho más paulatino), entre las primeras semanas de septiembre y
las últimas de noviembre varía notablemente. En el caso del
siluro, que es un pez que muestra más actividad con temperaturas
no calurosas, pero si suaves, por regla general siempre será más
productiva la primera parte del otoño, es decir septiembre y
octubre que no noviembre. No siendo así por ejemplo en el caso
de otras especies que muestran una muy buena actividad durante
los meses fríos, como puedan ser el lucio o la lucioperca, que a
finales de octubre y noviembre mostrarán más actividad.
CAMBIAR EL
CHIP.
Como ya dijimos
antes, muchas de las zonas en las que durante la primavera había
numerosos siluros, ahora están sin agua y todo el embalse parece
igual y sin vida, ya no existe aquella recula que se llenaba de
carpas, ni esa especie de brazo que se adentraba por detrás de
los tamarices donde se oían las carpas frezando, ni esa enorme
pradera inundada por donde los “bigotes” serpenteaban como
enormes anacondas. Se puede adivinar claramente por dónde
transcurría el cauce del antiguo río, y todo parece mucho más
complicado. Ante este panorama, ¿dónde pescar?, ¿a dónde
dirigirnos?, ¿dónde encaminar nuestros lances? Partamos de una
base: el mejor lugar que se puede dar para encontrar un
“bigotes”de grandes dimensiones y que además sea vulnerable al
lanzado, es sin duda una zona con no más de dos metros de
profundidad, mucho mejor aún, si se ve presencia de carpas y
muy, muy importante, sobre todo cuando hablamos de siluros
“XXL”, que rápidamente –en uno, dos o tres metros de distancia–,
tenga acceso a varios metros de profundidad. Es decir, un gran
siluro puede salir de su ubicación natural y adentrarse o
permanecer apostado en un lugar de apenas un metros de
profundidad con el único propósito de alimentarse, para una vez
haya terminado, buscar rápidamente aguas más profundas. . |