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Nadie podía
prever hace una treintena de años, cuando según parece un
conocido biólogo alemán soltó unas decenas de alevines de la
especie “Silurus glanis” en aguas del Ebro, lo que este hecho
iba a representar años más tarde.
Si hay una cosa
clara es, que este señor conocía muy bien tanto la especie como
las inigualables condiciones que se dan en el Ebro para su
desarrollo, y que el hecho de que el siluro alcanzara los
tamaños que hoy en día presenta, sólo era cuestión de tiempo.
Hoy el río Ebro, y especialmente los embalses de Mequinenza y
Ribarroja, son conocidos en medio mundo gracias a este pez de
tamaño mastodóntico.
REPERCUSIÓN
EN OTRAS ESPECIES.
No cabe ninguna
duda que la introducción de un depredador de las dimensiones del
siluro repercute notablemente en el resto de la población
piscícola del lugar. Sería un absurdo negar la lógica y la
evidencia, y es que en estos treinta años en los que el siluro
está presente en el Ebro se ha notado en la población y
presencia del resto de especies del lugar. En especial la carpa
y el black-bass son las que más lo han “notado”, aunque en mi
opinión por muy distintas razones. Cuando se habla del Ebro y
sale a relucir el tema de la disminución de especies como la
carpa y el bass, lo primero que se nombra y al primero que se
señala como culpable es al siluro, y desde luego sus dimensiones
no ayudan a lo contrario. Pero también hay que tener en cuenta
que en estos años, aparte del siluro, el desequilibrio en el
Ebro también tiene como protagonistas a otras especies como el
escardino, el alburno o la lucioperca que también han colonizado
esta parte del Ebro y sin embargo a la hora de buscar
culpabilidades nadie los señala como tales. En mayor o menor
medida, también tendrían mucho que ver en estos cambios.
LA CARPA,
PERSEGUIDA POR SILUROS ¡Y ALBURNOS!
Mi opinión con
respecto a la carpa es que el siluro es el que ha contribuido en
mayor medida a este descenso de población. Todos sabemos que
junto con el alburno, son éstas las que constituyen el mayor
aporte alimenticio de estos peces. Recuerdo hace años que la
densidad de ejemplares entre uno y dos kilos de peso era
desmesurada. En las aguas de Mequinenza se realizaban bastantes
competiciones de ciprínidos en las que hacerse con cincuenta o
sesenta ejemplares en una mañana estaba al alcance de cualquiera
con un mínimo de conocimientos. Incluso después de su presencia
en esas aguas, en mis primeras escapadas a por estos gigantes
–que por aquel entonces no lo eran tanto, ya que su peso medio
en estos años ha ido aumentando paulatinamente– el pescar carpas
que iban a servir como cebo para el siluro en estos lugares, era
cuestión de minutos y las picadas se sucedían una tras otra. Hoy
en día, en esos mismos lugares en el mejor de los casos hay que
dedicar varias horas para hacerte con media docena de ellas y
eso con bastante suerte. Mi opinión con respecto a la carpa es
que su población se ha visto seriamente diezmada en los lugares
con mayor presencia de siluros. Pero en el embalse de Mequinenza
habría que hacer una distinción entre lo que es la zona más
cercana a la presa (zona bass-lucioperca) y la entrada del río
Ebro al mismo (zona siluro), entre Caspe y Escatrón; e
igualmente en el embalse de Ribarroja entre la zona más cercana
a la presa y las proximidades de la población de Mequinenza,
entradas de los ríos Cinca y Segre (zona siluro). |