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Después de unos
meses en los que la actividad de los siluros ha estado bajo
mínimos y su recuerdo –aunque ha estado presente– ha permanecido
en un segundo plano, empiezan a mostrar “algún” signo de
actividad.
Más o menos por los últimos días de febrero o los primeros de
marzo, en esas jornadas, el agua viene a estar en un rango entre
7 y 10 grados, todavía muy fría para lo que sería ideal, sobre
todo cuando de lo que se trata es de pescarlos al lance. Pero al
mismo tiempo, sabemos que tocando puntos y zonas concretas, en
cualquier momento, en esta época tal vez donde menos te lo
esperes, vas a notar el mágico “topetazo”, ¡después de tantos
meses ya se echaba de menos! preámbulo de esa sensación de que
has clavado algo realmente grande que no va a resultar fácil que
se deje ver y que nos espera una larga pelea hasta que podamos
verle los bigotes.
VUELVE LA ACCIÓN
Sin ser todavía la mejor época para intentar su pesca con
artificial, estos primeros escarceos del año tienen un cierto
grado de magia y su buena dosis de encanto. Por un lado esa ropa
aún de abrigo que no asociamos precisamente con la pesca de
siluros, que ya la hacen distinta, la ausencia de los molestos y
abundantes mosquitos de esta zona que ahora no hacen que la
estancia en la orilla mientras montas los equipos o echas la
embarcación al agua se convierta en un auténtico infierno, y
sobre todo la tranquilidad que se respira, la ausencia de
embarcaciones arriba y abajo con pescadores hambrientos de
“baba”. Pero amigo, en condiciones normales y haciendo bien las
cosas, pescando zonas concretas que ya se deben tener en la
cabeza de antemano antes de comenzar la pesca, en uno de esos
lugares te espera una “babosa” sorpresa.
PECES CONFIADOS
Como ocurre con todas las especies, la presión de pesca,
presencia de pescadores, peces tocados... suele ser siempre
sinónimo de peces difíciles, y conforme va avanzando la
temporada, cada vez se vuelven más esquivos y por supuesto el
siluro y sobre todo en su pesca al lanzado no es una excepción.
Incluso es posible que se acentúe más aún que en otros peces,
pues buscamos ejemplares fuera de su ubicación natural, que ante
todo necesitan tranquilidad y que no sean molestados para que
tomen esas posturas de caza y hagan esas incursiones por zonas
poco profundas.
Y
en estos primeros meses de pesca, después del largo invierno en
el que prácticamente no han sido molestados, tal vez vamos a
encontrar pocos siluros vulnerables al lanzado, pero sí que los
que encontraremos van a estar confiados. Si hay algo por lo que
me gusta este mes de marzo es precisamente por la tranquilidad
que se respira, tan importante para la pesca de estos peces.
DÓNDE DEBEMOS PESCAR
Siempre resultará más sencillo si partimos con las ideas
bastante claras, de dónde y con qué queremos pescar en estas
fechas en las que nos encontramos.
Partimos de la base de que en esta época después de las lluvias
otoño-invernales el río Ebro y sus embalses suelen estar altos
de nivel, ello quiere decir que serán más los puntos a tocar.
Por norma general pescaremos zonas que cuenten con un rápido
acceso a profundidad, cortados por donde discurre el antiguo
cauce del río y aunque no todos son válidos (algunos son casi
verticales, donde difícilmente podemos encontrar un siluro
apostado), en muchos de ellos se dan pequeñas repisas o
plataformas en las en cualquier momento podemos llevarnos una
grata sorpresa.
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