|
 |
Aunque en su
día ya publicamos un artículo dedicado a contar algunas de las
muchas anécdotas que suceden en la pesca de estos gigantes al
lance, lo cierto es que no fueron pocas las que se quedaron en
el tintero...
Incluso algunas de
ellas, son tan sumamente recientes que me he visto obligado a
modificar a última hora este artículo, pues creo que bien
merecen la pena. Comencemos.
MARZO 2005:
EMBALSE DE MEQUINENZA.
Los siluros te
dejarán mal...
Creo recordar
que estábamos a mediados de marzo y la verdad no esperábamos ver
numerosas picadas. En este mes las picadas se venden caras
siendo los días con un par de ataques la nota predominante y,
aunque la semana anterior habíamos sacado un par de “bigotes”,
lo cierto es que ese día se estaban haciendo de rogar más de lo
deseado. Eran alrededor de las dos de la tarde y aún no habíamos
“tocado baba”. Habíamos pescado ya numerosas orillas en las que
presumíamos la presencia de algún siluro y todas habían fallado
hasta el momento. Nos dirigimos a una zona en la que en años
anteriores a comienzos de temporada había salido algún buen pez,
un lugar con una gran desnivel, que bajaba bruscamente, pero que
cuenta con plataformas y grandes piedras desprendidas que ahora
se encontraban sumergidas, en las que podía ubicarse un siluro
perfectamente.
A los
veinte minutos de comenzar a pescar la citada zona, uno de mis
compañeros en las últimas vueltas de manivela y ya casi cuando
iba a salir el vinilo del agua, (cosa bastante inusual) obtiene
una violenta picada, comienza la batalla que enseguida por la
forma de tirar se intuye que va a ser larga, después de un tira
y afloja y de casi treinta minutos de pelea y arrastrarnos más
de un kilómetro aguas abajo, al fin vemos la cabeza del gran
pez, a partir de ahí, medida, fotografías y de regreso al agua.
El animalito resultó medir dos metros ocho centímetros..., y
estaba gordo como una auténtica foca.
Regresamos poco
después para seguir pescando la zona en la que nos habíamos
quedado y donde habíamos obtenido la picada, no sin antes
advertir que el objetivo estaba cumplido y que tal y como estaba
el día y en las fechas en la que nos encontrábamos, no
esperáramos que en los sucesivos lances fuera a haber más
picadas. Sería una mera casualidad ya que no era primavera
avanzada, cuando si encuentras siluros agrupados y das con
ellos, se pueden tener picadas casi consecutivas. |