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Mientras
caminamos por un inmenso manto de hojas que se pudren por el
efecto de la humedad, la tranquilidad y el silencio lo invaden
todo. Al fin, a escasos metros, divisamos nuestro destino: una
densa capa de niebla se desliza por el agua...
Seguro que a la
mayoría de vosotros esta descripción os resulta familiar y es
que la pesca invernal del lucio no cabe duda de que posee una
gran dosis de magia y encanto. La mayoría, en más de una ocasión
y con mayor o menor fortuna, hemos practicado la pesca del lucio
durante estos meses invernales, pero ahora debido a la frialdad
de las aguas y también a su escasez, la pesca del lucio no
resulta sencilla, lo cual no quiere decir que no podamos tener
éxito si conocemos su comportamiento, sus hábitos, su
alimentación y costumbres durante esta estación invernal.
INVIERNO-LUCIO, UNA COMBINACIÓN MÁGICA.
La primavera y
el verano, incluso el otoño, son épocas que invitan a madrugar,
desde primeras horas de la mañana todo rebosa vida y actividad
desde el primer rayo de sol, incluidos nosotros. Pero en estos
meses invernales, diciembre, enero, febrero, cuando las heladas
de madrugada son la nota predominante y el calor del hogar
invita a quedarnos en casa, son pocos los que se atreven a
abandonar el calor de la cama para ir a orillas de cualquier
embalse o río en busca del esócido. Sólo hay una cosa que nos
hace levantarnos a esas insultantes horas, pasar frío, y nos da
esas dosis de “masoquismo” que hacen falta para hacerlo: es la
“fiebre del lucio” que todos los que llevamos años en la pesca
hemos experimentado alguna vez. Y es que esa imagen del ataque
brutal de un lucio a escasos metros de nosotros, ese misil
resplandeciente que ha salido de la nada y esa curvatura
inmediata de la caña engancha y no se olvida tan fácilmente.
¿UN PEZ DE
INVIERNO?.
El invierno es
un periodo en el que los hábitos de vida de muchos animales
cambian notablemente y los peces por supuesto no son una
excepción. Disminuyen notablemente el ritmo de su metabolismo,
se alimentan menos, se desplazan menos y administran las
reservas acumuladas durante los meses precedentes, buscando
lugares más profundos en busca de una capa de agua con una mejor
temperatura. Si bien algunos depredadores, como en el caso del
lucio, no entran en inactividad total y no dejan de alimentarse,
pudiéndose pescar con garantías de éxito a poco que variemos
nuestra forma de pescar. Si lo comparamos con otras especies, es
cierto que el lucio durante los meses más fríos muestra una
“buena” actividad. De hecho éste precisa de aguas relativamente
frías para vivir y donde realmente se desenvuelve mejor y con
más éxito es precisamente en países con un clima mucho más frío
que el nuestro. Simplemente por pura lógica entenderemos que
obligatoriamente debe de alimentarse, preparando su periodo de
reproducción que tendrá lugar entre los meses de febrero y
marzo, pero de eso a lo que reza el dicho popular de que “cuando
más actividad tenga sea en invierno”, la diferencia es notable.
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