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Con la llegada de la primavera algunas especies, como es el caso
de la lucioperca, se preparan para la freza cambiando por
completo la ubicación que ocupan el resto del año, estamos en el
momento en el que para el pescador de orilla.
Por uno u otro motivo, la pesca de la lucioperca resulta más
accesible. Ya han dejado en los mejores ejemplares los grandes
fondos, llamadas como cada año por el instinto reproductor y
numerosas luciopercas, más solitarias cuanto más grandes, buscan
lugares apropiados para la freza. Es ahora cuando en especial si
pescamos desde la orilla tenemos más posibilidades de capturar
un gran ejemplar, las matemáticas no fallan: más peces
orillados, más posibilidades de éxito.
LUGARES CLAVES PARA LA FREZA
Si
hay dos características que definen el prototipo de un frezadero
ideal para la lucioperca, éstas serían la entrada de un río o
arroyo o lo que es lo mismo aguas oxigenadas o en movimiento, y
por otro, fondo de grava. A veces se da el caso que se dan
ambas, aunque como parece lógico pensar, éstos son casi siempre
lugares muy pescados y no tiene sentido pensar que todas las
luciopercas de una zona tan sólo se reúnan en lugares de esas
características, aunque sí que tiene muchísima lógica, voy a
poner un claro ejemplo y que para el que conoce y pesca esta
zona, lo verá muy fácilmente...
UN CASO PRÁCTICO
Si
visitamos la zona comprendida entre Escatrón y Chiprana durante
el verano-otoño, e incluso comienzos del invierno en busca de
luciopercas, las posibilidades de éxito son infinitamente
menores que si lo hacemos por ejemplo durante los meses de
febrero, marzo o abril, por un lado en estos meses el nivel del
embalse se ha recuperado mucho de lo que era meses atrás pero
sobre todo la razón fundamental es que muchísimas luciopercas
han remontado el embalse aguas arriba para desovar.
Claro está que también durante esos primeros meses hay también
luciopercas en esa zona, pero ni punto de comparación en cuanto
a calidad y número con las que se dan cita a partir de finales
de enero.
Para ver esto, basta con acudir a algún lugar de esa zona en el
que durante los meses de febrero, marzo o abril, hayamos
obtenido una buena “pescata” y se hayan visto numerosas picadas
y visitarlo por ejemplo en noviembre, dicho sea de paso uno de
los mejores meses para pescar esta especie y ver los resultados.
Con toda seguridad esa época no tendrá nada que ver con lo que
fue en primavera, y es que independientemente de que noviembre
sea un mes en el que éstas se encuentren muy activas, primero
tiene que haberlas en la zona que pescamos, si no lo tenemos
sumamente complicado.
OASIS EN EL
DESIERTO
Tal vez, para el que conozca esta extensa zona de la que
hablamos y sepa cómo es el fondo, a primera vista y en una
primera impresión no sea el lugar donde más abunden las
graveras, donde haya extensas zonas de guijarros o fondos duros,
a decir verdad la inmensa mayoría de las orillas a lo largo de
estos kilómetros de río-embalse son de barro, salpicado con
algunos cortados bastante pronunciados.
Tal vez por esa razón las zonas donde abundan las luciopercas
están muy definidas, basta una pequeña superficie con presencia
de gravilla o piedras sueltas, una pequeña plataforma de fondo
más o menos duro o cualquier accidente que rompa la monotonía de
esa extensa playa de barro para que haya una buena presencia de
estos peces.
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