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A cualquiera
que nos preguntasen acerca de cuál es la mejor época para
pescar, sean la especia y modalidad que sean, la gran mayoría de
nosotros responderíamos que la primavera. Casi todas las
especies se encuentran en máxima actividad, las temperaturas son
agradables para estar al aire libre e invitar a pasar un día de
pesca en plena Naturaleza. Todo a nuestro alrededor recupera la
vida que parecía haber perdido meses atrás.
En el
caso del siluro, y su pesca con artificiales, es en primavera
cuando alcanza su máxima expresión y es cuando encontraremos un
mayor número de buenos ejemplares en aguas someras – por lo
tanto activos-. Es, es definitiva, cuando esta pesca puede
depararnos las mayores alegrias.
DESOVE DE LA
CARPA, UNA DE LAS CLAVES
Hacia
finales del mes de abril o comienzos de mayo, muchas carpas de
todos los tamaños buscan las orillas y zonas poco profundas con
vegetación para desovar. Son unas semanas en las que los
“bigotes” comen con gula.
En estos
días las carpas andan demasiado atareadas buscando pareja y son
una presa muy abundante y fácil para los hambrientos siluros.
Hay día en los que pueden verse decenas de ellos prácticamente
varados en apenas un palmo de profundidad, acechándolas, siendo
momentos de auténtico frenesí en los que, si se sabe elegir el
lugar adecuado, “clavar” siluros al lanzado resulta un juego de
niños.
TEMPERATURA
DEL AGUA
Otro
condicionante que hace que la primavera sea mágica para esta
especie y especialmente con esta modalidad es la temperatura del
agua que se da en estas zonas poco profundas (en torno a los
15-20 grados), ideal para encontrarlos en estos lugares.
NIVEL ALTO
DE LOS EMBALSES
Las
lluvias del invierno, unidas al deshielo de las montañas que
recorren muchos de sus afluentes, hacen que el Ebro incremente
su nivel de forma considerable. En este comienzo de la
primavera, por norma general, los embalses se encuentran casi en
su capacidad máxima y radiantes. |